De repente ocurrió. Algo que no quería. Fue un accidente, un pequeño contacto.
Quise apartarme de inmediato, me hacía daño. Era como si a través de ese pequeño roce, todas las energías negativas, los malos sentimientos, fluyeran de un cuerpo al otro, y en el punto de contacto me hirieran salvajemente.
Quería apartarme pero había una fuerza sobrenatural que me lo impedía. Era un contacto muy dañino en aquel momento, pero a la vez me era reconfortante. El calor del contacto humano. El calor de sentirme menos sola. El calor que se estaba llevando la ira y la rabia, y me devolvía tristeza y pensamientos oscuros.
Sentirme menos sola... pero sola al fin y al cabo.
Al final me aparté. Y dí media vuelta.
1 comentarios:
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