Había oído rumores sobre vuestra ruptura. Sinceramente, me alegré; pero por tí, porque merecías algo mejor que esa arpía.
Ayer te vi, de lejos, y ella no estaba contigo. Y también me alegré, no sé por qué.
Sé que me viste tú también, y que me seguiste mirando cuando te di la espalda, alegrándome aún más al comprobar que tu presencia sólo me produce indiferencia.
Y me sentí feliz por sentirme enamorada, aunque precisamente, no de tí.
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