20.6.06

Condenados a morir

El cementerio huele a muerto. Apesta a carne podrida. Y a carne quemada. Las moscas revoloteando alrededor de los nichos intentando seguir ese olor nauseabundo.
Ver a un muerto detrás de un cristal, yaciendo sobre un ataud, siempre impresiona. Aun cuando hacía años que no le veía. Apenas recordaba su cara.
Ver a la gente llorar me conmueve, siempre, y me entran ganas de llorar a mí.
Ver a familiares a quien hacía un montón de tiempo que no veía, es desagradable en esas circunstancias. A muchos no los había vuelto a ver desde el funeral de mi abuelo, así que se permitían bromear "lo próximo tiene que ser alegre ya ¿o qué? Lo próximo tiene que ser una boda, así que date prisa...". Sí, ya me voy a dar prisa ya... Pa días...
Ir a un funeral es triste. Sobre todo cuando todo me recordaba al de mi abuelo. El mismo lugar, y casi la misma gente.
Ver como te meten en un nicho claustrofóbico es muy frío. Y saber que algún día me tocará a mí, angustia. Aunque casi prefiero que me incineren.
Qué asco de vida.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Al contrario amiga mia: Que asco de muerte, que pasada de vida :)

Un abrazo muy fuerte, que es lo mejor contra esa angustia.