Avanzando de espaldas, unos débiles rayos de sol calientan mis mejillas, todo se tiñe de azul, y en mi mente una canción resuena una y otra vez. Una canción que un día cantaste para mí, y desde entonces, cada vez que la escucho, no puedo evitar imaginar que estoy sobre ti besándote salvajemente, devorándote.
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