27.3.16

Hay algo que he aprendido en los últimos meses, y es que nunca hay que dejar de vivir, ni de ser uno mismo. Hay que hacer siempre lo que el corazón te dicte, lo que te ilusione, lo que te haga feliz, lo que te erice la piel y te haga vivir la vida de forma intensa. Aunque eso implique romper con lo establecido o nadar contracorriente. Tienes que hacer lo que quieras hacer, no lo que se supone que tienes que hacer.
Hay que amar, y sobre todo amarse a uno mismo. Apartar lo que nos hace daño, y alejarse de personas o relaciones tóxicas. Ilusionarse con las pequeñas cosas y abrir los ojos a todo un mundo por descubrir. Hay que enamorarse de la vida y vivir en el hoy, dejar atrás el ayer y no pensar en el mañana, dejando que el día a día nos sorprenda. Saborear cada segundo y exprimir al máximo cada día. Hay que vivir, VIVIR.

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