30.6.05

La terremoto

El otro día me enorgullecía cuando mi hermana me dijo que yo era la única persona en la que confíaba de verdad y a la que le contaba todos sus problemas y todos sus secretos. Mi hermana y yo nos llevamos más de cinco años de diferencia, y durante toda nuestra vida, nos hemos llevado fatal, nos hemos odiado a muerte. Apenas me he dado cuenta de este cambio, de haber pasado de no podernos ni ver a ser inseparables y las mejores hermanas del mundo. Supongo que ha crecido, y yo ya no la veo como esa niña tonta y odiosa que era.
Mi hermana siempre me ha admirado mucho, pero por esa razón siempre tuvo muchos celos de mí. Porque yo siempre sacaba buenas notas y ella no, porque todos decían que yo era más guapa que ella, porque por la diferencia de edad, a mí me permitían cosas que a ella no, porque en el colegio siempre le tenían que llamar la atención y a mí no, porque ella es hiperactiva y siempre ha sido muy traviesa mientras que yo era la niña buena que siempre se portaba genial. Y ella me odiaba, me admiraba, pero me odiaba.
Recuerdo nuestras peleas diarias, que o nos separaban mis padres o nos matábamos allí mismo. Recuerdo notar a mi hermana venir por detrás de mí y colgarse de mi coleta hasta tenerme en el suelo. Recuerdo aquella vez que me deshizo la cara a arañazos, y al día siguiente todos me preguntaban en el colegio que si me había comprado un gato. Recuerdo llegar a mi mesa y encontrarme con los libros del colegio rayados y llenos de rotulador y las hojas de los deberes rotas en un montón de trozos, teniendo que quedarme todas las noches hasta las tantas rehaciendo todo otra vez. Y lo que más me jodía, era oír decir a mis padres: "es pequeña y no sabe lo que hace, déjala". ¿Qué no sabía lo que hacía? ¡Claro que lo sabía! Pero mis padres no se enteraban nunca de nada. Yo recuerdo ver a mi hermana con sólo tres años hacerle la burla a mi padre cuando él se daba la vuelta, por haberle reñegado por alguna trastada que había hecho. Yo recuerdo la cara de mi hermana cada vez que hacía una de las suyas, y no era una cara de ingenuidad e inocencia, no, era una cara de maldad y de saber perfectamente lo que estaba haciendo.
Mi hermana era un auténtico terremoto, como solía llamarle mi tío.
Y no sé como hemos pasado de las hostias a los besos y de los insultos a los abrazos.
Me enorgullece cuando mi hermana entra por la puerta de mi cuarto con un "tata", nunca me llama por mi nombre, siempre he sido y sigo siendo su "tata", seguido de un "voy a contarte una cosa y me aconsejas, ¿vale?". Y me empieza a soltar un rollo típico de su edad sobre chicos y amistades, que hace acordarme de cuando yo también tenía 13 años.
Cuando yo tenía su edad, quería tener una hermana mayor y poder contarle mis cosas, poder cogerle prestada la ropa, poder cogerle la bolsita con los maquillajes y las pinturas para jugar a ser mayor, poder sentirme protegida, tener a alguien en quien confiar y que me comprendiera. Me enorgullecí aquel día que pillé a mi hermana fisgando en mi ordenador, viendo emocionada una y otra vez el "I wanna rock" de los Twisted Sister. Y también cuando me dijo que le pasara ese video a su ordenador, junto con el "All we are" de Doro, y algunas canciones más que escuchaba completamente emocionada.
Me enorgullece cuando me pide que la lleve de compras o que la acompañe a algún sitio porque no quiere que la lleve "la mama".
Me reconforta el que cada noche entre a mi cuarto antes de meterse en su cama, y me dé un beso y un "buenas noches".
Mi hermanita, esa chica tan blanca como la leche, pecosa y de ojos claros, esa chica que ya es casi toda una mujer, esa chica que es un torbellino, rebelde e inquieta, mañana se va de campamentos durante dos semanas. Y sí, se va a notar, y mucho, su ausencia. En casa va a reinar una gran paz y un silencio indescriptible. Porque es siempre tan nerviosa, que nos pone nerviosos a todos, porque cuando está en casa, se encarga de que no haya silencio nunca, ni tranquilidad, porque no puede estarse quieta ni un solo momento y nos altera a todos.
Cuando ella no está, parece que no haya nadie en casa, y se le va a echar mucho de menos por aquí.

5 comentarios:

susurro dijo...

Mmm qué envidia, tener una hermana pequeña que te admire... En mi caso, yo soy la enana de casa, me llevo mil años con mis hermanos, y soy yo la que con 26 años y ellos 37 y 39, les llamo teta y tete... Para mí siempre serán teta y tete. Qué le vamos a hacer...
Y no, no nos abrazamos jamás, no nos decimos cariños nunca... Mucho menos con mi hermano, que es tope arisco... Pero sé que nos queremos. Y eso me basta.
Un abrazo y mucha fuerza!

Isabel dijo...

Yo también tengo una hermana pequeña y todavía me acuerdo de los días en los que hacíamos concursos. Mi madre decía que lo más bonito que nos decíamos la una a la otra era guarra-asquerosa, pero aún así era imposible separarnos. Ahora estamos compartiendo piso y sé que a veces le molesta que haga de hermana mayor pero no lo puedo evitar. Es lo mejor que tengo en mi vida y es lo que más quiero. Hace un par de años estuve a punto de perderla y no sé qué habría hecho si eso hubiera pasado.
muchos besos, jenni
Faith

Anónimo dijo...

Yo soy el pequeño de cinco (cuatro chicos y una chica) así que yo lo veo desde el punto de vista del "chiquitín", aquel al que los hermanos mayores recuerdan una y otra vez las tonterías que hizo con 3, 4, 5 años para mortificarle, aquel que tenía casi toda su ropa heredada (gastada, dada de sí), aquel que tiene tanta diferencia de edad con sus hermanos (el que menos me lleva 5 años) que ya nadie quería jugar con él a sus juegos porque eran demasiado de niños para ellos.

Pero eso sí. Aunque me llevara muchas veces mal con ellos en esa típica relación de amor-odio, jamás se me ocurrió romperles sus cosas, sus deberes.
Menos mal que ha madurado tu hermana y ahora puedes disfrutarla, disfrutar de vuestro cariño.

Un abrazo.

Anónimo dijo...

Tú hermana es afortunada de tener una hermana como tú.
Un saludo de corazón.

Anónimo dijo...

¡JODER, VAYA FALTA DE ORTOGRAFÍA HE COMETIDO!.
Corrección: Al principio, donde pone "tú", léase "tu".
Me la perdonas, ¿verdad?
Un abrazo