20.11.06

Hacia el Templo del Adiós

¿Qué te ha pasado? Has cambiado tanto... Fuimos los mejores amigos del mundo, con nuestras pequeñas y grandes crisis, con nuestros encontronazos a causa de tu carácter fuerte, con nuestras diferencias que siempre acabábamos por superar. Fuimos dos personas inseparables, uña y carne, dos personas especiales, que reían juntos y lloraban juntos.
Y ahora, ahora siento que para ti sólo soy una simple conocida, de la que te acuerdas muy de vez en cuando, cuando oyes mi nombre o pasas por delante de la puerta de mis tíos, o quizás ni eso.
Te siento ausente, distante, es como si me rehuyeras. Nunca puedes quedar, ni tienes tiempo para escribirme, ni para hablar las pocas veces que me he decidido a llamarte. Siempre poniendo excusas, poniendo barreras entre tú y yo. A veces tengo la sensación de que te molesto, como la última vez que nos vimos. Me sentí algo incómoda. Hablamos "mucho" y en realidad no hablamos de nada, sólo cosas superficiales. Después te fuiste a toda prisa y sin casi despedirte, dejándome con las palabras en la boca.
Quizás nuestros caminos se separaron hace demasiado tiempo ya, y ahora resulta imposible unirlos, sobre todo cuando tú vas corriendo huyendo de mí y en sentido opuesto. Hace demasiado tiempo que empezaste a descuidar nuestra amistad, y por mucho que pusiera yo de mi parte, estaba condenada a fracasar.
Has cambiado tanto... Te recuerdo como aquel chico sensible al que no le daba vergüenza llorar, que escondía esa sensibilidad y esa debilidad tras una máscara de chico bruto y duro, y la verdad es que lo conseguías, aunque a veces llegaste incluso a darme miedo.
Te recuerdo como aquella persona fiestera como la que más, cualquier plan te parecía bien, unos calimochos en el parque, un botellón para dos en tu casa, unos tequilas de Diego en el bar, un concierto guapo... Aquella persona que nunca me hubiese dicho que no a un concierto de Lujuria o a un festival de rock.
Te recuerdo como aquel que prefería quedar conmigo antes que con sus amigos, aunque luego la gente hablara a nuestras espaldas y pensaran mal. Y ahora ocurre lo contrario, prefieres irte con ellos, para colgarte, para colocarte. Sí, aunque no me hayas dicho nada, sé lo que hay, que yo no soy tonta. Y aún recuerdo la primera vez, aquella que me contaste angustiado y que me prometiste que no volvería a ocurrir. Pero no pudiste. Siempre intentaste apagar tus penas y ahogar tus debilidades con alcohol, pero llegó un punto en que no fue suficiente, ¿verdad? No sé, creo que ya eres mayorcito para saber lo que haces. Tú ya sabes lo que opino en ese tema.
La verdad es que ya no te reconozco, has cambiado tanto...
Hace tiempo que esto se acabó, aunque yo no quisiera asumirlo, pero ya es hora, es la hora de partir guardando los recuerdos. Fue bonito. Lástima que acabe así.
Pero antes de irme quisiera que supieras que yo en ningún momento he dejado de considerarte mi mejor amigo. Si me necesitas, ya sabes cómo y dónde encontrarme. Mientras tanto, yo seguiré con mi vida, lejos de ti.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Todos cambiamos, a veces evolucionamos junto a los demás, a la pareja, a la familia... y otras recorremos un camino que descubrimos que al avanzar nos lleva lejos de los caminos conocidos y hacia nuevos senderos.

Y hay veces que el cambio se produce como lo que cuentas ahora... por causas externas intrusivas, antinaturales... ¿Qué se puede hacer?
Lo que estás haciendo. Recordar. Ofrecer la amistad y confiar en que las cosas puedan cambiar... pero tú no puedes cambiarlas. Tiene que ser el que quiera cambiarlas de verdad.

Un besazo y un abrazo