No puedo vivir en tensión, pasando las noches sin dormir intentando encontrar un final feliz. Y sé que no habrá final feliz, por mucho que me aferre a la esperanza. La esperanza que alimentas con tu sonrisa, con tu tacto, con tu voz.
Ojalá las cosas fueran más fáciles. Que la vida fuera como un cuento de hadas, donde yo soy la princesa, tú el príncipe, y somos felices hasta el fin de nuestros días. En cambio, tengo que conformarme con ser una emperatriz, de un país que no existe, y verme obligada a vivir una vida que no quiero, en un mundo donde los deseos no se hacen realidad, donde los príncipes son inalcanzables, y los cielos grises y llenos de nubes amenazando una tormenta de clavos que malherirán mi espíritu y encarcelarán toda posibilidad de escapar de aquí.
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