Eso era lo que yo quería: una cama donde Rosie y yo pudiéramos dormir abrazados toda la noche y despertarnos todas las mañanas el uno en los brazos del otro. Lo habría dado todo, todo cuanto tenía, sólo por conseguirlo. El resto de lo que el mundo tenía para ofrecerme me parecía una ganga. Cuando escucho lo que la gente le pide al amor hoy en día me dan ganas de vomitar. Voy al pub con los muchachos de la brigada y los oigo explicar, con una precisión minuciosa, exactamente la figura que debe tener su mujer ideal, qué zonas debe depilarse y cómo, qué actos debe realizar en fechas concretas, y lo que debería o no debería decir o querer; escucho a hurtadillas a las mujeres en las cafeterías mientras elaboran sus listados de qué empleo debería desempeñar el hombre de sus sueños, qué coche debe tener, qué etiquetas, qué flores y restaurantes y pedruscos les merecerían el sello de aprobación... y me sobrevienen unas ganas tremendas de gritar: "¡¿Acaso todo el mundo ha perdido la chaveta?!. Yo jamás le compré un ramo de flores a Rosie (...) y nunca, ni una sola vez, me pregunté si sus tobillos tenían exactamente la forma que se suponía que debían tener. La deseaba, deseaba que fuera mía, (...) nada en la vida me había parecido tan sencillo.
La última noche de Rose Daly, Tana French
2 comentarios:
Ni idea de qué libro es este. Pero me ha encantado el fragmento :D
Un abrazo!
Chica, ya veo que estas muy liada y no actualizas. Besos.
Publicar un comentario