22.12.15

Nuestro subconsciente suele ser un hijo de puta. Siempre nos muestra lo que no queremos ver o aceptar. Nos va dejando pistas, mandando señales y mensajes ocultos a los que no prestamos atención. Insiste e insiste. A través de sueños, de imágenes que de repente se forman en nuestra mente y las desechas enseguida creyendo que es una paranoia, a través de impulsos que contienes y que te hacen decir "¿pero qué me pasa?". No queremos aceptar lo que nuestro subconsciente nos está intentando decir, no queremos coger el camino que él nos está mostrando. Nos autoengañamos intentando ocultar nuestros sentimientos de verdad, nuestros anhelos más profundos, nos decimos que eso no puede ser, sacudimos la cabeza e intentamos seguir hacia adelante, como siempre hemos hecho, con tal de no asumir la realidad, con tal de no aceptar que nos estamos equivocando.
Y al final nos topamos de bruces con nuestro destino, y nuestro subconsciente nos grita "¿ves?, ¡siempre tengo razón!", de forma que no nos queda otra que aceptarlo, tragarnos nuestro orgullo y cambiar de dirección.

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