Creía que ya no podríais sorprenderme, pero últimamente lo estáis haciendo. No sé si es vuestra forma de pedir perdón, de resarciros, o de solicitar una tregua. Y yo no puedo olvidar. No puedo olvidar ninguna de vuestras palabras, ni de vuestras ausencias en los momentos importantes, ni de vuestra falta de apoyo en todas mis decisiones... Ni que cuando más rota estaba me rompistéis más.
Y no os guardo rencor, pero está todo grabado a fuego en mi mente y en mi corazón.
Porque la familia debería ser un refugio, no un lugar del que huir.
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